2

Nómadas


En las aguas de Dante de Fernando (Argentina)

Desde pequeña Agniesca era una nómada. Siempre de feria en feria acompañando a su madre, la gran pitonisa Alexandra. En todos aquellos años, Agniesca jamás vio que su madre adivinara el futuro a ninguno de los infelices que pagaban por un poco de consuelo o esperanza, pues el don que decía poseer no era más que una farsa. “Tú diles lo que quieren escuchar y nunca de faltará de comer”, le repetía. Agniesca asentía y callaba. El don de sus antepasados era poderoso en ella, pero eso era algo que su madre no quería escuchar. Aquella noche, cuando cerraron la feria,  besó a su madre y lloró hacia dentro. Agniesca sabía que su madre ya no despertaría jamás.

¡Plis,plas!
Laura Frost
2

Un vuelo desde La India


Ilustración de María Chicote

Mitrajit había nacido Dalit, la casta de los intocables. Gracias a aquella fundación española estudió y, dejando atrás sus orígenes, se licenció como ingeniero informático. Mitrajit, ahora trabaja para una multinacional que le paga un sueldo digno y así mantiene a toda su familia. Su vida de ejecutivo es una aceleración constante hacia el éxito, tanto que ha aceptado un destino en Estados Unidos. Mitrajit hace la maleta, y no desea mirar atrás. Guarda con cuidado la foto de Reena, la mujer que ama. Desea correr hacia un nuevo futuro, porque no es un ingenuo y lo sabe. El sistema de castas te condena, y él es un Dalit. Reena, es Jati. 

Jamás se tocarán. Mitrajit acelera el paso.

¡Plis,plas!
Laura Frost
3

Lo que ocurre los viernes



-        Ahora, empieza a menear despacio – le explicó con suavidad, porque así es como se enseñan estas cosas-. Sin miedo, cariño.
-        ¿Voy bien?
-        Si, muy bien – la voz sonaba tranquilizadora -. Ahora, ve acelerando poco a poco.
-        ¿Así? - y ella se esmeró con una entrega sublime, acelerando y acelerando.
-        Si, perfecto, siempre en el mismo sentido.
-        Me duele el brazo, papá – se quejó la niña.
-        Ten paciencia, ya queda poco.
-        ¿Qué hacéis? - la voz del pequeño Oscar los interrumpió mientras les miraba extrañado.
-        Montando claras – contestó la niña y giró el recipiente -. Mira, ¡a punto de nieve!
-        ¡Bien, magdalenas! - gritó Oscar.

¡Chimpum!
Laura Frost
3

No todos los caminos conducen a Roma



Ilustración de Nicoletta Ceccoli

En ocasiones nuestro destino se encuentra 
en los caminos que elegimos para evitarlo.

Aseguran que toda existencia no es más que un mero transitar por el camino que fue trazado por una entidad superior: el destino. La mía no iba a ser menos, nací para ser princesa. Todos estaban felices menos yo. Tanto me asustó ese destino que elegí todos los caminos que pudieran alejarme de él: Estudios universitarios, un matrimonio con un rico empresario al que no amaba y, al final, dí con mis huesos, como presentadora de noticias, en la televisión nacional. Entonces, cuando creí haber vencido al oráculo, le conocí a él, se llamaba Felipe. Ahora, como pequeño acto de rebeldía, masco chile en las recepciones y veo La Sexta. Acabé princesa y tonta del bote, como estaba escrito.

¡Chimpum!
Laura Frost

3

Besos de agua



En cada gota de lluvia reside un instante de espera. Como si de pequeños regalos envueltos en celofán transparente se tratara, una gota de lluvia es la casa de un deseo que alguien dejó escapar con un suspiro. Observar como cae sobre la hierba a través de los cristales o dejarse empapar por una tormenta primaveral, incluso saltar en los charcos que se forman en las aceras, es esperar. Esperamos que la lluvia se acompañe de una sorpresa o de un amor que dejamos escondido entre las páginas de aquel libro del “no pudo ser”. Porque la lluvia nos confiere esperanza y nos limpia el alma. Y en toda espera existe un banco donde descansar. Este es el mío, y las gotas se estrellan en la madera justo en el hueco que dibuja tu ausencia. Pero es mi banco y esta es mi espera. Y en algún lugar, donde tú te encuentras, también llueve, y cada una de las gotas que te acaricia el rostro transporta uno de esos besos que fabrico cada noche. No son lágrimas, son regalos. Mis regalos de agua.

¡Plis,plas!
Laura Frost

4

Una casa con vistas


Ilustración de David Vela

- ¡No soporto este hediondo olor a perro mojado!
- Es normal, está lloviendo.
- Pues ya le podían haber colocado uno de esos chubasqueros tan monos que venden ahora – argumentó ella.
- Sí, pero te recuerdo que estamos así por tu culpa –protestó el marido-. Tú te empeñaste en vivir aquí.
- ¡Pues claro! – se defendió ella con ademanes afectados -. En las orejas se tienen mejores vistas.
- Siempre fuiste una pulga con pretensiones, Carolina – protestó él mientras se aferraba a un pelo -. ¡Tienes razón, qué peste!


¡Chimpum!
Laura Frost

2

Embrujado




Querida Hermione:

¿Acaso no tuviste suficiente con ser la bruja más excepcional del colegio? No, claro que no. Tú tuviste que humillarme, hacerme sentir el ser más despreciable. Con esa carita de ángel y el corazón valiente de un dragón, ¿verdad? Siempre perfecta, intachable. Cuánto te odio, Hermione. Y no lo hago porque seas una asquerosa sangre sucia, ni porque me condenaste al olvido, ni siquiera por ser un espejo constante de mi cobardía, ¿qué más quisiera yo? Te odio, con toda la fuerza de mi corazón, porque solo tenía once años cuando me enamoré de ti y pasaré el resto de mis días amándote en silencio. Como un cobarde, como un Malfoy.

Lamentablemente, siempre tuyo,
Draco

¡Plis,plas!
Laura Frost
2

Dignidad troyana


Ilustración de Ayax Barnes

- Pero, ¿por qué tienes tanto interés en ver arder Troya? – se quejó él mientras jugueteaba con sus pezones entre los enormes dedos.

- Me divierte.

- Ah, ¡que te divierte! – y frunció el ceño en expresión meditabunda acariciando después el cuello de la joven con la punta de la nariz-. ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno como para entretenerte sin necesidad de matar a nadie?

- ¡No te pongas digno ahora, Aquiles! Que a ti bien que te va la sangre – le reprochó ella dándole la espalda sobre el lecho.

- ¡Uy, no te pongas seria Helenita! – intervino el guerrero en todo conciliador -. Venga explícame otra vez eso del caballo, que Paris está a punto de llegar.

¡Plis plas!
Laura Frost
2

La conexión


- ¿Qué es esto?
- Un libro.
- ¡Qué cosa más rara! ¿Y para qué vale? – preguntó con la curiosidad inherente a los niños.
- Creo que para leer.
- ¿Qué es leer?
- Algo que tú no haces.
- ¿Es divertido? 
- Creo que sí.
- ¿Jugamos?
- Ahora no podemos. Tengo que conectarte a la red e introducirte dos gigas de geografía física – contestó el holograma.
Sin mayores réplicas, el pequeño Sacha se retiró el pelo e introdujo una conexión en la parte trasera de su nuca con total naturalidad. Cuando terminó con su actividad, ya se había olvidado del libro. El holograma también.


Chimpum!
Laura Frost

3

Que te gusten los payasos es como que te guste el yogur de pera


Para la pequeña Marta

Ilustración de Slawek Gruca

- ¿Por qué lloras, preciosa?
Aquella niña no tenía fuerzas ni para sostenerme la mirada, pero supe comprender lo que ocurría. La aterrorizaba hacerse una foto con ese payaso.

- Toma –  me descolgué el collar y lo enlacé en su pequeño cuello-. Las libélulas se llevan nuestros miedos y los esconden más allá del reino de los sueños.

Hoy la he vuelto a ver, aunque fue una visita fugaz. Ella volaba grácilmente entre camerinos, sorteaba maquillajes, tules, brillantinas. Pude robarle un abrazo y hasta una foto. Sobre su pecho aún centelleaba el collar de libélulas azules y Circo del Sol nunca tendrá una diseñadora de vestuario más valiente. Antes de irse me susurró: “Siguen sin gustarme los payasos”.
“A mí tampoco”, contesté.

Chim pum!
Laura Frost

2

Sobre lo que hubiera dicho la tía Lucrecia



Hincó los codos desde pequeña y llegaron a salirle callos hasta en las nalgas. De ese modo, consiguió una beca y se marchó. Dejó a atrás a su familia y a sus amigos en una ciudad de provincias cualquiera, a todas sus supersticiones, a un medio novio con acné y cogió un avión. New York no le abrió los brazos y tuvo que hacer de camarera en un Sturbucks y en dos locales de comida rápida, estudiando por las noches y haciendo interminables trayectos a pie para ahorrar algún dólar que dignificara su existencia hasta el final de mes. Pero al final, se hizo un hueco como abogada en la oficina del fiscal y conoció a Jack.


Aquella mañana lucía el sol y Marina se había citado con él para desayunar. Uno de esos encuentros rápidos con un café en vaso de papel las manos y unos donuts.  Lo justo para conversar un rato, decirse te quiero y robarle algún beso que otro al vertiginoso ritmo de la ciudad. Al atravesar el callejón por el que acortaba se le cruzó un gato negro, no le gustó pero apretó el paso. Más tarde, la entrada de Molly’s — donde hacían los mejores bollos de la ciudad—, estaba flanqueada por la escalera de unos pintores y no le quedó más remedio que pasar bajo la misma. Si se hubiera tratado de su tía Lucrecia, la hermana de su padre, directamente no hubiera comido aquel día. Y para colmo, al endulzar el café para Jack se equivocó y cogió la sal. Ni que decir tiene que se le derramó.


Marina estuvo tentada de sentarse en una silla del establecimiento y dejar pasar las horas hasta que la Gran Manzana le diera los buenos días a un nuevo amanecer, pero se rió de sus propios desatinos, y despidiéndose de Molly salió disparada hacia su cita.

4

Las apariencias engañan




—¡Gonzalo juega con muñecas, jajajaja, es una nenaza! —se burlaba Roberto de él en la plazoleta —. ¡Nenaza, nenaza!

—¡Eso es mentira! —protestó Gonzalo.

—¿El qué, niñita?

—Que yo sea una nenaza —y se marchó sin más replica para seguir peinando a su muñeca.

Años más tarde, Gonzalo, viudo con cuádruple jornada laboral, peinaba a su hija antes de ir al partido.

—¡Qué bien me haces las coletas papá! —le animó la niña.

—Muchas gracias, cariño —y la besó en la frente —. ¿Sabes? Cada día estoy   más contento de haber jugado con muñecas.

Aquel día, Lorena marcó tres goles.

¡Plis,plas!
Laura Frost

4

Como un pato en un estanque



Como cada noche, ella regresó de su paseo hasta el acantilado. Él la esperaba despierto, sentado en el sillón junto a la chimenea, con la misma tranquilidad que posee un pato en un estanque. Todo lo que ocurre bajo el agua es lo mismo que oculta el alma. Bien lo sabía él, y por ese motivo, también porque la amaba, comprendía que ella caminaba cada noche al borde de su propia locura. Allí, y en cualquier otro lugar lejos del agua, porque la pena es más pena cuando cae la noche y porque amar es arrebatar minutos al reloj mientras se espera. Y como siempre, la cena estaba fría, pero al menos, era una cena para dos.


Chimpum!
Laura Frost

1

Lagartos a la luz de la luna

Los Drautemer acostumbraban a cenar en el jardín, sobre todo en las noches de luna llena. Encendían farolillos y guirnaldas que hacían disfrutar a los diminutos seres que se escondían tras las hojas.

— ¿Y papá? ¿No viene a cenar?

— No lo ves, si está ahí mismo, sobre la silla.

— ¡Ahhhhhhhhhhhhhh,  es una lagartija horrorosa! —chilló la niña propinándole un zapatazo al confuso animal.

— Pero…¿qué haces Miranda? ¡Que es tu padre!

— Mamá, que seas bruja no te da derecho a ir hechizando a papá siempre que hay luna llena — le reprendió con dureza —.

— ¿Acaso prefieres aguantarle toda la noche aullando? Es un hombre lobo, querida.

— Visto así… — Miranda se encogió de hombros —. ¿Me pasas el puré?

Plisplas!
Laura Frost
2

Comer con palillos


Ilustración de Marta Theart


- ¿Otra vez comida japonesa?

- No protestes mujer, además al chico también le gusta – se justificó él dejando las bolsas sobre la mesa-. Por cierto, ¿dónde está?

- Arriba, con la guitarra, encerrado en su música – ella resopló y agitó la mano en signo de derrota-. ¡Como todos los días, vamos!

- Entiendo.

- ¡Qué obsesión con Japón, querido! Y al chaval que todo se le pega. Lo estoy viendo venir, se nos irá a Japón o lo que es peor, se casará con una japonesa. ¡Ese será su final!

- ¡Exagerada!

- ¡¡Jhon Winston Lennon, a cenar!!– después dio un codazo a su marido y cruzó los brazos sobre el pecho-. No pienso comer con palillos, que lo sepas.

Chimpum! 
Laura Frost
4

El puente


Hoy he sufrido una pesadilla terrible, tanto que me he despertado con el miedo pegado al diafragma y las pupilas dilatadas de una loca. La sangre corría acera abajo y yo apretaba con  estas manos de niña – con toda la fuerza del universo- sobre una herida en tu abdomen. Te susurraba: “Cielo, no cierres los ojos, ¿vale? Y te veía borroso por las lágrimas, a ti y a una multitud de rostros que se mantenían al margen sin integrar la idea de mi cuerpo junto al tuyo en aquella helada calle. Tú me decías que tenías frío y yo gritaba para que alguien trajera mi abrigo. Como la llama de una vela barata, te apagabas en mis manos, y yo quería hacerte reír, mantenerte a mi lado. “Escucha, cariño, mírame, por lo que más quieras, si ves una luz, no vayas hacia ella, ¿vale?”, yo quería ahuyentar a ese monstruo con mi risa pero solo me salía un murmullo de angustia. Por complacerme, como haces siempre, tú esbozabas una pequeña sonrisa, que más que eso parecía una mueca, surcada por unos labios violáceos que yo jamás te había visto. “No te vayas, mi amor, nos quedan muchas noches, aún nos quedan miradas y secretos y lencería tirada por el suelo”, te exigía, te suplicaba. La ambulancia llegó y te arrebataron de mí. Me quedé sentada en el suelo, asustada. Las luces y la sirena se fueron alejando poco a poco entre la multitud silenciosa, alguien quiso ayudarme, y yo apretaba las mandíbulas para no gritar. “Vivirá”, escuché en aquel abrazo amigo. Yo lo sabía, y también sabía que en algún hospital de aquella ciudad, tu mujer te estaba esperando. Desperté para seguir amándote en silencio, paralizada en esta orilla del mundo, sin poder cruzar ese puente que conecta tu alma y la mía, como una condena impenitente. Como una muñeca de trapo.

Chimpum!
Laura Frost
4

Música para el corazón



- ¿Qué es esto?
- Una trompeta – contestó Liam son seriedad.
- ¿Y por qué me la regalas?
- Porque soy rico.
- Esa no es una razón – argumentó el lisiado anciano cruzando las manos sobre la manta que cubría sus piernas.
- No tengo otra.
- Siendo así… gracias – Benjamin acarició el instrumento con una nostalgia temblorosa.

Liam se giró sobre sus pies sin mediar palabra. “Toca, anciano, toca. Yo nunca fui capaz de hacerlo, la música nos expone demasiado y yo soy bastante cobarde”, se reprochaba así mismo mientras se alejaba.

Benjamín Cooper, músico de jazz en otro tiempo, arrancó a su trompeta las primeras notas de Blue Notes. No muy lejos, Liam derramó una lágrima tras su coraza de hierro.

Plis,plas!
The weird lady o lo que es lo mismo Laura Frost
4

Una mirada divina


Ilustración de Nathalie Shau



-          Pero… ¿qué he hecho yo para merecer esto? Millares de mujeres en el mundo, y ha tenido que posar su mirada en mí.

-          Será porque siempre te miró con buenos ojos – aseguró él.

-          ¡¿Buenos ojos, dices?! – gruñó la joven-. Claro, como tú no tienes vida sexual…

-          ¡Compórtate, María!

-          ¡Ni María ni nada, emisario de pacotilla!­– bramó señalándole inquisitivamente con el dedo-. O le dices a ese jefe tuyo que se vaya buscando un bonito cuerpo y baje a echarme un buen polvo o ya se puede ir despidiendo de su divino heredero.

-          Pues creo que no va a gustarle la idea – se quejó el arcángel.

-          Créeme, le gustará – sentenció la joven.

Chimpum
Laura Frost
3

La reina Jane


Ilustración de Benjamin Lacombe

El 12 de mayo de 1553, Jane Grey —resistiéndose a vestir el hermoso traje de novia que descansaba sobre su cama—, jugaba a que podía esconderse en una de las mullidas semillas de chopo que veía por la ventana, las mismas que recordaban a copos de nieve, y escapar.

— ¿Qué voy a decirles a todos? Guilfod Dudley me parece un cretino arrogante, carente de sensibilidad y sesera.

Su aya se acerco a ella y comenzó a peinarle la larga cabellera con delicadeza.

— Pequeña mía, serás la segunda mujer que acceda al trono de Inglaterra. Dirás lo que nuestra iglesia protestante y toda la corte espera de ti.

Aquel día, Jane —reina por nueve días—, mintió ante todos y ante su propio dios, asegurando casarse por amor.

Plis, plas!
Laura Frost

1

Excedente Navideño




— ¡Controla ese castañeo de dientes, Baltasar!

— ¿Pero cuánto pueden llegar a bajar los grados en este lugar? —gruñó el rey negro entre dientes.

— Mucho, ¿acaso no lo notas?

— Pues yo no entiendo qué hacemos aquí otra vez, esto me parece una humillación —protestó Melchor levantando el mentón —, ¡somos los Reyes Magos, por Dios!

— ¿Humillación dices? Y no te parece más humillante tener 3.857 cartas pidiéndonos muñecas de las Monsters High y no tener ninguna para entregar. ¿A cuántas niñas quieres decepcionar? —le reprendió Gaspar.

— Llama ya, anda —terció el helado Baltasar—, él siempre tiene excedente de todo. Cogemos las dichosas muñecas y salimos pitando.

¡Toc, toc, toc!

— ¡Buenas noches! —articularon a coro ante el estupefacto elfo —. ¿Está Santa Claus?

Chimpum
Laura Frost
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Gracias Atxia