- Un libro.
- ¡Qué cosa más rara! ¿Y para qué vale? – preguntó con la curiosidad inherente a los niños.
- Creo que para leer.
- ¿Qué es leer?
- Algo que tú no haces.
- ¿Es divertido?
- Creo que sí.
- ¿Jugamos?
- Ahora no podemos. Tengo que conectarte a la red e introducirte dos gigas de geografía física – contestó el holograma.
Sin mayores réplicas, el pequeño Sacha se retiró el pelo e introdujo una conexión en la parte trasera de su nuca con total naturalidad. Cuando terminó con su actividad, ya se había olvidado del libro. El holograma también.
Chimpum!
Laura Frost








2 comentarios:
Bueno todo es posible.
Hace años lei un libro sobre nanotecnología y me parecía algo impensable e imposible.
Supongo que los libros en papel no desaparecerán nunca completamente.
Serán como objetos preciados y de lujo.
Tampoco imagino un mundo futuro donde los niños no tengan todo tipo de libros como los que existen ahora. De todos los tamaños y formas. Grandes, pequeños, de plástico, duros, blanditos, con piezas de quita y pon.
Me ha gustado el nano.
Me ha dejado una fria y robótica emoción.
La verdad es que da escalofríos.. muy bueno, Laura¡
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